Llegó el día en el que me encontré en una serie, bueno, no sabría como explicarlo. Tus amigas se dan cuenta de que una de las protagonistas de vuestra serie preferida es exactamente igual que tú (de forma de ser, claro). Y, ¿qué ocurre luego? Empieza la broma de llamarte por su nombre -Spencer-, pero resulta que te gusta, es más, te encanta. Ellas se acaban acostumbrando, y tú llegas al punto de acudir por su nombre más que por el tuyo propio y de tener que explicarle a tanta gente el motivo de que incluso les pidas que te llamen así. No es que no me guste mi nombre, no os equivoquéis, pero de alguna u otra forma me enamoré de mi nuevo apodo.
Y así fue, cabezona hasta la saciedad Spencer Hastings se fue apoderando de mí. Perfeccionista, ambiciosa, luchadora, decidida, no creo que nadie pudiese definirme mejor.
Así es, puede parecer extraño pero, ¿y qué si lo prefiero a mi nombre? Lo importante es sentirse uno mismo, ¿no? Es poca la gente que ya me llama por mi nombre, y quizá sea porque no se han acostumbrado aún o aún no lo conozcan.
Simplemente una pequeña presentación de esta rubia pero no tonta, os cansaréis de mí.
Spencer H.
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